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El apoyo del hogar

El círculo familiar puede contribuir en forma muy provechosa al aprendizaje inicial de las matemáticas en los niños y niñas. Lo que se realice en el hogar, al complementar y reforzar la labor del jardín infantil, puede tener efectos muy positivos a largo plazo.



Una amplia gama de estudios realizados en las dos o tres últimas décadas muestran que al momento de ingresar al primer año de escuela los niños y niñas muestran grandes diferencias en sus conocimientos matemáticos. Este hecho es especialmente importante pues son numerosos los estudios que muestran que el conocimiento que los escolares poseen en los primeros años de escolaridad está estrechamente relacionado con sus logros a lo largo de su paso por la escuela. Es más, el conocimiento matemático inicial está incluso relacionado con el nivel socioeconómico y el mayor nivel educacional alcanzado en la edad adulta.


Al respecto baste citar, en este sentido, un estudio realizado en Gran Bretaña por los psicólogos S.J. Ritchie y T.C. Bates publicado en 2013. En este trabajo se estudió la situación de 17.638 niños y niñas nacidos en el lapso de una semana de 1968 en Inglaterra, Escocia y Gales y 920 inmigrantes nacidos en esas mismas fechas.


El estudio se enfocó en 4 momentos de sus vidas: primero cuando tenían 7 años, luego cuando tenían 11 años, cuando tenían 16 años y finalmente cuando tenían alrededor de 42 años. En esta última etapa, el número de sujetos estudiados había bajado a 11.419 personas.


Los resultados mostraron que las habilidades de matemáticas y de lenguaje que presentaban los sujetos estudiados cuando tenían la edad de 7 años estaban significativamente relacionadas con el nivel socioeconómico que alcanzaron a la edad de 42 años, independientemente del nivel socioeconómico que ellos tenían al momento de nacer. Asimismo, la motivación académica que los sujetos estudiados manifestaron más tarde y el nivel educacional que alcanzaron estaban claramente relacionado con el conocimiento matemático y de lenguaje que presentaron a los 7 años.


 La investigación descrita muestra, sin lugar a duda, que el conocimiento matemático inicial, tiene consecuencias a largo plazo.


Cuando hablamos aquí del conocimiento matemático inicial nos referimos a los conocimientos de carácter conceptual y de procedimientos que los niños y niñas pueden adquirir antes de ingresar a la escuela, ya sea en el hogar o en instituciones de educación parvularia. Esto incluye la comprensión de los procedimientos de conteo, la determinación de cantidades pequeñas, la identificación de los dígitos, el establecimiento de relaciones de orden entre ellos y la resolución de problemas aritméticos simples.

El estudio de Ritchie y Bates se da en el marco de un creciente interés que en la última década han mostrado los investigadores por examinar la influencia que el entorno familiar tiene en los conocimientos matemáticos que presentan los niños y niñas al momento de ingresar a la escuela. En estos estudios se ha llegado a la conclusión que padres y adultos pueden aportar muy positivamente al desarrollo de las competencias relacionadas con el número. De hecho, varias investigaciones han mostrado que aquellos niños y niñas cuyos padres realizan junto a ellos actividades que directa o indirectamente se relacionan con los números, suelen desarrollar mejores conceptos y habilidades matemáticos..


Es importante, entonces, fomentar en el núcleo familiar los diálogos y juegos que puedan apoyar la formación de conceptos y el desarrollo de habilidades en el campo matemático. Pero cuidado. No se trata de convertir el hogar en una continuación del jardín infantil o del establecimiento educacional al que asisten nuestros hijos. Tampoco conviene dar a estas actividades un carácter demasiado especial. De lo que se trata es que en el marco de la vida familiar introduzcamos comentarios u observaciones que sean pertinentes: “Mira, entre tus juguetes ya tienes dos dinosaurios”, “El número de la casa de tu amiga es el cinco ocho uno”, “Escóndete. Voy a contar hasta diez y ahí voy a salir a buscarte”.


Pueden ser útiles también algunos juegos en que uno debe avanzar un cierto número de pasos a lo largo de un camino dividido en casillas o cantar rimas en que los dígitos se dan en su orden. Por ejemplo:


Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña,

como veía que resistía fue a buscar otro elefante.

Dos elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña,

como veían que resistía fueron a buscar otro elefante.

Etc.


Asimismo, cuando los padres salen a pasear con su hijo o hija pueden proponer que hagan alguna cosa divertida relacionada con números. Por ejemplo, dar dos pasos largos y uno cortito, contar con voz deformada al mismo tiempo que van dando pasos, etc.


En la pestaña dedicada a los libros a la venta hemos mostrado un set de cuatro libros de cuentos escritos publicados por la editorial Espora precisamente para ayudar a los adultos a desarrollar una actividad que puede resultar muy entretenida para los niños y niñas.  La idea es que se vaya leyendo cada cuento, página a página, comentando las ilustraciones y lo que sucede.


En el artículo "Cuentos que ayudan" damos algunas indicaciones para maximizar los efectos de aprendizaje que se pueden acanzar con ayuda de estos cuentos.




El primer cuento, El sueño de Joaquín, tiene como objetivo presentar los dígitos uno a uno llamando la atención a rasgos salientes de la forma del respectivo símbolo de modo que los niños y niñas puedan relacionar el nombre de cada dígito con su respectivo símbolo.


Se sabe que el aprendizaje se hace más significativo en la medida en que los educandos reconocen la importancia del objeto de estudio. En tal sentido el segundo cuento, Los dígitos se fueron de paseo, relata lo que le sucede a una niña cuando los dígitos han decidido tomarse un descanso y salir de paseo. Se espera así que los niños y niñas reconozcan la importancia que tiene los números para el normal desarrollo de sus vidas.




Una característica fundamental de los dígitos es que ellos están ordenados siguiendo una secuencia. Gracias a esta característica, se emplean como base para el conteo y, con ello, como base para representar cantidades. El objetivo del tercer cuento, ¿Dónde me toca a mí?, es mostrar la secuencia que caracteriza a los dígitos.




Saber contar los elementos que tiene un conjunto es uno de los conocimientos más importantes y valiosos en el inicio del estudio de las matemáticas. Con el conteo, el número adquiere una propiedad fundamental: la capacidad para expresar cuántos elementos tiene un conjunto dado. A través del cuarto cuento, Julia aprende a contar, se introduce un procedimiento de conteo que se caracteriza por ir separando los elementos que ya se han contado de los que aún quedan por contar y que cada vez que se considera un nuevo elemento no solo se vaya diciendo el número correspondiente a la secuencia numérica en el forma: uno, dos, tres, etc, sino que se usen expresiones del tipo: “Hay uno”, “Ahora hay dos”, “Ahora hay tres”, etc. Con este enfoque resulta comprensible que el último número nombrado representa el total de elementos del conjunto.


Actividades como las que hemos mencionado no solo pueden resultar entretenidas, sino que pueden tener consecuencias muy positivas para el aprendizaje de los números y para ir formando una base conceptual sobre la que se levanten más tarde otros conceptos y se adquieran nuevos conocimientos matemáticos. Vale la pena intentarlo.


Si se actúa de esta forma el niño o niña podrá sentir que las matemáticas son algo vivo, que se encuentran presente en la casa, en la calle, en la escuela, etc., lo que sin duda es beneficioso para desarrollar en ellos una actitud positiva frente a su aprendizaje. 


Y una última observación. Conviene evitar hacer comentarios del tipo: “No es raro que mi hijo (o hija) haya salido malo para las matemáticas. Total, yo era igual”. Desde luego, no es cierto que haya personas que estén predestinadas a tener problemas con matemáticas, ni menos que esa disposición pudiera ser hereditaria. Y, por otra parte, lo que es más contraproducente, si el niño o niña escucha esa afirmación de parte de sus padres llegará a la conclusión que no tiene sentido esforzarse y tratar de entender pues, haga lo que haga, no va a aprender nunca.

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